Published On: 27 abril 2026
  • Una investigación del IDAEA-CSIC propone utilizar las bacterias asociadas a copépodos como bioindicadores para monitorizar la presencia de contaminantes orgánicos en el mar

  • El método permite evaluar el impacto de la contaminación difusa marina de forma más sencilla y económica, incluso en fases tempranas de exposición y lugares remotos

El microbioma de los copépodos se ve afectado por los contaminantes del océano. | Claudia Sanz Lanzas

Un equipo científico liderado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que el microbioma asociado a copépodos, pequeños crustáceos que constituyen la mayor parte del zooplancton marino, puede servir como indicador de la presencia de contaminantes orgánicos en el océano. El estudio, publicado en la revista Water Research, propone utilizar las comunidades bacterianas que viven asociadas a estos organismos como una nueva herramienta para monitorizar la contaminación marina de fondo a gran escala.

Los contaminantes orgánicos están presentes en todos los océanos del planeta. En su mayoría son persistentes y bioacumulativos, y algunos de ellos tóxicos, poniendo en riesgo los ecosistemas marinos. Sin embargo, medir directamente miles de compuestos distintos en el medio marino es extremadamente complejo y costoso, lo cual hace inviable su monitorización sistemática a escala global. Además, estos contaminantes están presentes como mezclas complejas y en concentraciones individuales muy bajas, lo que dificulta evaluar su impacto real sobre los ecosistemas.

“De forma similar a como el microbioma intestinal humano puede verse alterado por la exposición a compuestos como fármacos o microplásticos, el microbioma asociado a organismos marinos podría utilizarse para evaluar el estado de los ecosistemas”, explica Maria Vila-Costa, investigadora del IDAEA y autora principal del trabajo.

Para comprobarlo, los investigadores analizaron muestras de copépodos recogidas en 24 puntos a lo largo de un gradiente latitudinal de más de 10.000 km en el Atlántico, desde Vigo (España) hasta Punta Arenas (Chile). Los resultados de la campaña oceanográfica mostraron una correlación clara entre ciertos grupos de bacterias presentes en el microbioma de los copépodos y la concentración de distintos contaminantes orgánicos en el agua de mar, como plastificantes y retardantes de llama organofosforados (OPE), hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) y algunos compuestos perfluorados.

La campaña oceanográfica ANTOM monitorizó contaminantes a lo largo del Atlántico. | Maria Vila-Costa

Para confirmar estos resultados, el equipo realizó además experimentos en laboratorio exponiendo copépodos a concentraciones ambientales de plastificantes y retardantes de llama organofosforados. Los resultados mostraron cambios similares en el microbioma de los organismos y una disminución en su producción de huevos, lo que indica efectos sobre su reproducción.

Detectar la contaminación antes de que sea visible

El microbioma asociado a organismos puede actuar como un indicador temprano de exposición a contaminantes, incluso cuando están presentes de manera dispersa y a muy bajas concentraciones, como es la situación habitual en los océanos.

A diferencia de los análisis químicos tradicionales, este enfoque tiene varias ventajas: permite detectar la exposición a mezclas complejas de contaminantes, funciona a grandes escalas geográficas y puede resultar más económico y fácil de aplicar en programas de monitorización.

“Los microbiomas responden de forma muy sensible a la química que los rodea, por lo que son una herramienta muy prometedora para detectar la exposición a los contaminantes en fases tempranas y no sólo cuando el daño ambiental es irreversible”, señala María Paula Carrillo, investigadora del IDAEA-CSIC y primera autora del trabajo.

Los copépodos son especialmente interesantes para este tipo de estudios porque son el principal componente del zooplancton marino, están presentes en todos los océanos, desempeñan un papel clave en las cadenas alimentarias marinas y son relativamente fáciles de muestrear y estudiar.

Los autores proponen incorporar el análisis del microbioma en invertebrados en las estrategias de monitorización ambiental marina para poder abordar de manera eficaz la exposición a la contaminación química en el contexto actual de cambio global.

Maria Paula Carrillo, Naiara Berrojalbiz, Claudia Sánz, et al. (2026) Copepod-associated microbiome responses to organophosphate ester plasticizers and other bioaccumulative organic pollutants in the ocean. Water Research, 296, 125640, DOI: 10.1016/j.watres.2026.125640

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