Published On: 20 noviembre 2025
  • La jornada de Conversaciones Sostenibles, organizada por el Comité de Sostenibilidad del IDAEA-CSIC, reunió a especialistas en informática, computación y matemáticas para debatir sobre consumos energéticos, optimización algorítmica y de software y modelos de gestión sostenible de la Inteligencia Artificial.

Mesa redonda «La huella (in)sostenible de la Inteligencia Artificial» (13/11/2025 IDAEA-CSIC). De izquierda a derecha: Iria Sambruno, Laura Barrios, Ana Conesa, Vicente Palomero y Antonio Ortiz.

De acuerdo con la EU Artificial Intelligence Act, cuando hablamos de Inteligencia Artificial (IA) nos referimos a un sistema basado en una máquina, diseñado para funcionar de forma autónoma y mostrar capacidad de adaptación, cuyos resultados en forma de predicciones, contenidos, recomendaciones o decisiones pueden influir en diversos ámbitos de nuestra vida, tanto en entornos reales como virtuales. Una tecnología desarrollada hacia mediados del siglo pasado que, sin embargo, ha supuesto toda una revolución en los últimos años por la capacidad computacional para procesar grandes volúmenes de datos.

El uso diario de herramientas de IA para la investigación, el trabajo o el ocio, genera un impacto medioambiental, social y en ocasiones ético, a menudo desconocido dado el aspecto “mágico” e inmaterial que proyecta esta tecnología. Como citaba la periodista Marta Peirano, “no hay un mundo de los píxeles y un mundo de los átomos. Cada vez que buscamos una calle, pinchamos un enlace o una canción en Spotify, se calienta una placa en otra parte del mundo y se enciende al menos un ventilador”.

Con el objetivo de intercambiar conocimiento, experiencias y estrategias para avanzar hacia una aplicación más sostenible de la Inteligencia Artificial en la ciencia y en nuestra vida cotidiana, el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) celebró el pasado 13 de noviembre una jornada para reflexionar sobre el papel de la investigación en este desafío.

La jornada, organizada por el Comité de Sostenibilidad del IDAEA y enmarcada dentro del ciclo Conversaciones Sostenibles —una iniciativa impulsada por el Plan de Sostenibilidad 2024-2026 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)— reunió a cuatro especialistas, Ana Conesa, Laura Barrios, Antonio Ortiz y Vicente Palomero, quienes compartieron con más de ochenta asistentes sus conocimientos en IA desde una diversidad de miradas, entre ellas la computación científica sostenible, la transparencia y las implicaciones culturales.

Avanzando hacia una computación sostenible

Laura Barrios, jefa del área de secretaría general adjunta de informática del CSIC y miembro del Comité de Ética y de Sostenibilidad del CSIC, abrió la ronda de ponencias haciendo hincapié en el coste energético, hídrico, material y social detrás de las infraestructuras de Inteligencia Artificial. Los centros de procesamiento de datos son el único sector donde está creciendo la demanda energética en Europa occidental y en Estados Unidos. De hecho, un informe del 2024 del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (LBNL), estima que el uso de energía de los centros de datos se triplicará para 2028.

Barrios aboga por avanzar hacia una computación eficiente y sostenible en la investigación científica, la cual exige:

“Desarrollar herramientas de gestión y software para alcanzar el espacio sostenible en todas sus dimensiones, una mejora en la gestión y en la arquitectura, personal con formación técnica avanzada y, sobre todo, elaborar una estrategia institucional a largo plazo que no dependa de cambios en la gobernanza”.

Por su parte, Ana Conesa, profesora de Investigación en el CSIC y el Institute for Integrative Systems Biology (I²SysBio) y miembro del Comité de Sostenibilidad del CSIC, compartió recomendaciones para reducir el impacto de la investigación computacional desde el software y las buenas prácticas dentro de la investigación.

La experta en biología computacional y bioinformática aconsejó optimizar los algoritmos, por ejemplo, mediante el uso de software de Algoritmos Verdes, reducir el fine-tuning inútil, elegir Unidad Central de Procesamiento (CPU) y Unidad de Procesamiento Gráfico (GPU) atendiendo a objetivos reales, programar procesos en momentos de menor demanda energética y realizar una buena gestión y eliminación de los datos que no se utilizan.

“La comunidad científica está tratando de definir los principios de la computación sostenible, como una buena gobernanza, responsabilidad, estimar la huella de carbono y el impacto ambiental real de esta tecnología y, por supuesto, educar, porque si no estamos educados no podremos aplicar nada”.

La necesidad de una IA explicable, ética y con responsabilidad humana

Antonio Ortiz, investigador del programa Momentum del IDAEA-CSIC y miembro del Porous Media Multiscale Modeling Laboratory (PM3Lab) del IDAEA-CSIC empezó su ponencia recordando un aspecto fundamental, que la IA interviene en decisiones muy relevantes de nuestra vida, como por ejemplo, diagnósticos médicos, listas de espera para trasplantes, selección de candidatos en entornos laborales, decisiones legales, etc.

En este sentido, el matemático destacó los tres pilares de Virginia Dignum (2019), para establecer una IA responsable: explicabilidad, transparencia y una responsabilidad humana final no delegada en una máquina.

“Para tomar decisiones responsables necesitamos equipos verdaderamente interdisciplinarios, transparencia para poder trazar y auditar las decisiones que toman los modelos de IA y una verificación continua que evite que los sistemas se estanquen para que puedan seguir aprendiendo continuamente”.

La última ponencia, a cargo de Vicente Palomero, desarrollador full-stack e ingeniero de lenguaje, nos dejó un interesante testimonio personal sobre su decisión de abandonar la industria informática por dilemas éticos y ambientales, especialmente por la expansión descontrolada de la IA generativa, para dedicarse a la escritura creativa y el activismo.

Palomero habló de los modelos del lenguaje y de cómo la industria ha disparado la huella de carbono para buscar rendimientos y reducir tiempos, aunque esto suponga añadir más energía, GPUs y datos. Desde su experiencia como escritor, compartió el impacto de la IA en la escritura, debido a la automatización masiva y a la pérdida de responsabilidad de los contenidos, dejando claro que el debate tras la huella de la IA no es solo tecnológico, sino también cultural y social.

“Cuando simplificamos demasiado un texto, perdemos precisión técnica y ganamos ambigüedad, el mensaje se tergiversa y el autor queda oculto tras tantas adaptaciones. Si un libro acaba siendo solo un puente hacia un chatbot que imita a su creador, ¿qué lugar le queda entonces a la obra creativa?”.

La jornada también incluyó una mesa redonda con los cuatro ponentes, moderada por Iria Sambruno, integrante del departamento de Comunicación del IDAEA-CSIC, donde se pudo profundizar en estas cuestiones tan necesarias para lograr una IA más responsable y que reflejan que la Inteligencia artificial no es intrínsecamente buena o mala, sino que depende de su diseño, el contexto, la ética y una buena gobernanza.

 

Si te perdiste la sesión, aquí puedes ver la grabación:

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